Fuente: France 24

Ser inmigrante ubica a las mujeres en una situación de especial vulnerabilidad social. Sin embargo, no todas las puertas están cerradas para las que se vieron obligadas a salir de sus países. Conozca el testimonio de dos latinas que reformularon su vida, cambiaron sus historias y ahora pueden ayudar a otros.

María Trusa llegó a Estados Unidos cuando tenía 15 años, después de ser abusada por una persona cercana en su natal República Dominicana. Ella superó dicha experiencia traumática y la transformó en ayuda para otros.

Ahora, María apoya psicológicamente a mujeres que sufrieron abusos y además abrió un centro de salud que ofrece test gratuitos de Covid-19 para la comunidad hispana indocumentada en Nueva York, donde atiende a unos 20.000 pacientes. “Para mí fue bien duro, si no venían a nuestro centro (de salud) la mayoría de personas indocumentadas aquí (en Nueva York) no tenían muchas opciones”, señala Trusa.

La iniciativa de María y su socia alivia la situación de miles de personas sin documentos que no pueden acceder a servicios de salud en el país. “Soy inmigrante indocumentada y es difícil tener acceso a salud. Entonces aquí me siento tranquila porque ya conocen mi historial de salud”, señala Carolina Ramírez, una inmigrante colombiana sin papeles.

María cuenta su historia en ‘Yo digo no más’, un libro de su autoría con el que espera impactar la vida de mujeres que, como ella, decidieron reescribir su vida.

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